“Intento ser la guía que yo como mamá he necesitado, intento ser la ayuda que vos necesitás”.

Soy Romina Izzi, Psicóloga especializada en niños.

Estudié psicología por la curiosidad que me generó la filosofía cuando era estudiante de secundaria, sin embargo, en el camino de mi formación fui descubriendo nuevos senderos por los que andar. Hice mis prácticas siempre con niños, tanto de forma clínica individual como en trabajo comunitario en zonas de contextos vulnerables de Montevideo.

Siendo ya psicóloga, llega mi primer bebé, una experiencia de amor puro y gigante, pero que en su crecimiento me iba desafiando a cada paso. Fue allí donde me di cuenta que lo que me convocaba cada día era ser mejor madre, mejor persona para él, y luego también para ella, mi segunda bebé.

Como mamá fui haciendo este recorrido de estudiar, aprender, sentir y conocerme para poder ser la madre que quiero para mis hijos. No una perfecta, lejos de eso estoy, pero si una madre que cada día los mira con amor e intenta corregir los errores de ayer. He ido probando, acertando a veces, errando y aprendiendo también.

En mis roles de madre y profesional pude pensar y probar de manera dinámica alternativas y nuevas perspectivas en la crianza, estudiando mucho y actualizándome permanentemente. Me declaro una buscadora incansable.

Es así que finalmente me embarqué como psicóloga y como madre en un desafío de estudiar y entender a la niñez y sus emociones, desde hace muchos años y es para mí un placer inmenso ayudar a niños, a sus madres y padres y sobre todo ayudar a familias.

Mi camino más formal

Me recibí como Licenciada en Psicología en la Facultad de Psicología de la Universidad de la República (2011).  Realicé la especialización como terapeuta Gestáltica en el Centro Gestáltico de Montevideo (2017) y finalmente me especialicé en Terapia Gestáltica de Adolescentes (CGM) en 2018.

Experiencia laboral

Me he dedicado a la práctica clínica en consultorio particular desde que me recibí, realizando evaluaciones y tratamientos psicológicos a niños y adolescentes.

Trabajo en la Institución Médica CAAMEPA desde 2013, allí realizo evaluaciones y tratamientos a niños y adolescentes.

Fui coordinadora de grupos terapéuticos de niños y de adolescentes, y he realizado diversas charlas en instituciones educativas: Jardines de Infantes, Escuelas Rurales y Urbanas, Colegios y Liceos de la zona de influencia a San Jacinto.

Desde 2018 junto con mi colega y amiga Andrea Sorano, realizo talleres de habilidades sociales e inteligencia emocional para niños en edad escolar.

Soy una apasionada de la psicología infantil, ¡proteger su desarrollo es fundamental para una vida sana!

Mi trabajo es darte claridad, orden y una guía

que te oriente para un vínculo respetuoso, sano y profundo.

Las palabras de mis consultantes y los cambios visibles en las conductas de la familia completa son los que conducen mi camino con gratitud y gran motivación.

Antes de comenzar con el tratamiento con Romina, nuestra hija lloraba todos los días para ir a la escuela, se nos hacía muy difícil ayudarla y saber hasta donde era un berrinche y hasta donde estaba realmente angustiada. Además, y que no era poco, hacía un año había perdido a su abuela.
Sofía también era una niña muy demandante y que en ocasiones tenía desbordes, pero luego con el paso del tiempo en terapia, Romina entabló un vínculo muy bueno y saludable con ella. Nos ayudó a sostenerla y acompañarla mejor, a ser más firmes cuando lo necesitaba, a ser constantes. Nos ayudó a conocerla mejor y, nos hizo sentir que estábamos aprendiendo y que el equivocarnos y darse cuenta era parte del aprendizaje.
Los masajes, las rutinas, los cuentos antes de dormir, el pensar como niños y no como adultos, en todo eso nos ayudó Romina.
Sofía actualmente es una niña muy activa, por momentos demandante pero aprendimos a conocer sus límites, a sostenerla mejor y en ocasiones a pensar como niña.
Romina nos ayudó y nos continúa ayudando en el camino de ser padres.

Matilde y Neris
Padres de Sofía

Germán con 5 años decía no poder “controlar su rabia” y es la mejor descripción de lo que sucedía, ante cualquier situación que lo frustraba o molestaba no podía controlar su respuesta, explotaba de enojo con él mismo, impotente, golpeando cosas, tirándose al suelo. 
Con este problema comenzamos a visitar a Romina, finalizando poco tiempo después con el tema específico controlado y muchos otros avances que si bien no fueron el problema inicial surgieron en el camino y fueron trabajados.
Dicho esto en relación al niño quiero expresar lo que a nivel familiar significó. 
Como en muchos casos, atrás de un niño con alguna dificultad estamos los padres preocupados, angustiados y sin claridad hacia dónde ir.
En nuestro caso Romina fue la guía en el camino, no solo ayudó a Germán , sino que nos ayudó a todos!! Nos acompañó como padres, nos orientó a cada paso instruyéndonos y sugiriendo ideas de como poder ayudarlo desde nuestro lugar devolviéndonos la claridad y tranquilidad que necesitábamos.
Dejarse ayudar es una muy buena idea, y que sea Romina quien lo haga una excelente elección!!
Estaremos siempre agradecidos.


Mamá y Papá de Germán

Mi hija comenzó terapia con Romina debido a que tenía problemas en la escuela, distracción y dificultad para vincularse con amigos. El año anterior también vivió la separación de los padres, no habiendo superado tal suceso.

Gracias a la profesionalidad de Romina, mediante cariño y carisma, utilizando técnicas y estrategias, implementadas de forma natural mediante juego y charla amena, se logó en ella cambios en la escuela y en casa. En la escuela vimos mayor autoestima, posibilidad de trabajar en grupo e integrarse más fácilmente con los compañeros y participar oralmente. En casa respeta más los límites, sin exceso de frustración, logró abrirse y contar lo que siente y piensa, ahora lleva su historia con madurez, siendo una niña feliz en todo ámbito.

Todos estos cambios fueron más que satisfactorios, ella fue dada de alta y mantiene hasta hoy las herramientas adquiridas. Quedaré siempre muy agradecida.

Lorena
Mamá de Lucía

Llegué al consultorio de Romina, a través de la recomendación de una amiga, buscando entender que le estaba pasando a mi hijo que no queria ir al jardin. Me encontraba muy angustiada y desconcertada. En ese entonces mi hijo tenía 3 años y había transcurrido un mes y medio del inicio del año lectivo, donde «aparentemente» la adaptación transcurriò normalmente. Su maestra me llama para comentarme que Emilio lloraba en momentos de juego en el patio y manifestaba miedo a morir. 

Al encontrarme con Romina pudimos analizar como había sido este proceso, tomar en cuenta elementos previos que no estábamos considerando, como el cambio de institución, ya que Emilio venía con una experiencia en Caif, elaborar estrategias de trabajo en casa y en el jardin que nos permitieron comprender, evaluar, calmar la angustia y sobre todo acompañar a nuestro hijo en esta etapa de su vida, transformándolo en una instancia placentera y motivadora.

Silvana
Mamá de Emilio

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