La autoestima se construye diariamente, a través de las relaciones personales de
aceptación y confianza.
Es la conciencia de una persona de su propio valor, y la sensación gratificante de quererse y aceptarse.
Proviene del autoconcepto, aquello que me enseña cómo soy, qué habilidades tengo y cómo me desarrollo a través de mis experiencias y expectativas.
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También será el resultado de la relación entre el carácter del niño y el ambiente en el que se desarrolla, es decir de los vínculos que genere con sus cuidadores principales. Hoy por hoy sabemos de la importancia de establecer vínculos afectivos de seguridad y confianza desde el nacimiento.
De ahí, la importancia de fomentar y cultivar la autoestima. Cuando un niño adquiere buena autoestima se siente competente, seguro/a y valioso/a y tendrá una buena salud mental futura.
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Cuando tenemos un bebé solemos celebrar sus logros con un ¡viva!, aplaudimos y hacemos todo tipo de festejos, eso es necesario en esa etapa de la vida, para empezar a construir la autoestima. Sin embargo, cuando van pasando los años es importante que el niño identifique que las cosas no suceden por arte de magia, que las mismas se consiguen por un camino recorrido para llegar ahí, hablamos entonces del esfuerzo. ⠀⠀⠀
Quiero decir con esto, que llegará una edad en la que no es bueno «halagar» al niño, sino que deberá percibir el esfuerzo, no como sacrificio, sino como camino que me permite llegar a un objetivo.
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Es importante utilizar frases que hablen del camino recorrido, del esfuerzo.
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Por ejemplo:
“¡Te has esforzado y lo has logrado!”
“¡Estudiaste mucho y conseguiste salvar tu examen!”
“¡Pensaste mucho cómo y lograste reparar tu camioncito!”
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De este modo, haces hincapié en no rendirse y muestras el camino para lograr lo que se
propone, aun cuando en ese camino no se logró el éxito.
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¿Sueles halagar a tu hijx? ¿Has probado hablar del esfuerzo?
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